Proposta educativa
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Una cálida bienvenida para los jóvenes migrados

En el IES Pablo de Olavide de la Luisiana (Sevilla) hemos desarrollado un proyecto de centro para dar la bienvenida al alumnado migrante.

Cuando nos enteramos de la noticia de que llegaban 25 chavales migrantes a nuestra localidad, y algunos de ellos a nuestro centro, enseguida nos pusimos manos a la obra para abordar esta situación. ¿Cómo lo hemos hecho? Remando todos en la misma dirección.

Nuestro contexto: el IES Pablo de Olavide, de la Luisiana (Sevilla)

Nuestro centro educativo se caracteriza por la apertura al entorno, la buena comunicación tanto con las familias como con el Ayuntamiento y nuestros colegios adscritos (CEIP Antonio Machado de La Luisiana y CEIP Director Manuel Somoza de El Campillo) y la práctica constante de metodologías activas, fundamentalmente el aprendizaje basado en proyectos. Cuidamos la convivencia al máximo para que el instituto no sea exclusivamente un lugar donde estudiar, sino la casa de todos. Desarrollamos diversas tareas integradas a lo largo del curso en la que nos implicamos todos para conectar con el centro de interés de nuestro alumnado, ya sean los inventores, las nuevas tecnologías, o la búsqueda de sus propias raíces.

¿Qué hemos hecho para recibir a nuestro alumnado migrante?

1. Sensibilizar al centro y a la localidad

En cuanto pudimos, recopilamos cortometrajes y películas que tratan el tema de la inmigración y la ayuda al refugiado, organizamos charlas sobre esta temática para tratar en las tutorías de todos los cursos.

Se organizó desde el Ayuntamiento un pleno en el que pudieron intervenir los alumnos exponiendo sus preocupaciones y resolviendo dudas.

Movimos cielo y tierra promoviendo no solo entre el alumnado, sino en la localidad entera, actuaciones solidarias, contra el racismo y a favor de la interculturalidad.

2. Conocernos los unos a los otros

Visitamos el centro de la FUNDACIÓN APRONI  (que se hace cargo de los MENA –menores no acompañados-) para presentarnos antes de que acudieran al instituto. Ellos nos visitaron igualmente para conocer el centro antes de su incorporación.

Se establecen tanto las normas de comportamiento y al mismo tiempo, aprovechamos para indagar sobre sus propios intereses. Para comunicarnos, utilizamos herramientas visuales: horario con fotografías y colores, flechas, lenguaje gestual, etc.

3. Trabajar en todo el centro la interculturalidad y la lucha contra el racismo con un proyecto interdisciplinar: Entre dos aguas, abrazando nuevas culturas.

  • Investigamos las causas de la inmigración, situación económica y política de los lugares de origen, estado de la sanidad y la educación
  • Estudiamos las reminiscencias árabes en nuestra cultura: arte, palabras, música, gastronomía, rasgos físicos, Las palabras que somos...
  • Aprendemos francés contra el racismo.
  • Preparamos letras de bienvenida para ser cantadas
  • Creamos un proyecto de flamenco: música para la convivencia.
  • Preparamos nuestro Loco Festival: actividades para el día su llegada: cartelería, murales, actuaciones musicales en español, francés y árabe.

4. Dar la bienenida a los alumnos migrantes con un gran Loco Festival a ritmo de Waka Waka.

Esta ha sido nuestra receta especial  para la organización del Loco Festival de ACNUR:

  • Primer ingrediente: la alegría. Bulerías, rumbas, taconeos, percusión, palmas y temas que despierten la energía interior y conecten con el sentir del alumnado. Hemos partido del flamenco como catalizador de emociones para trabajar a favor de la interculturalidad, del respeto, la integración y la igualdad, además de propiciar la adquisición de las competencias clave.
  • Segundo ingrediente: pedir ayuda. Aartistas locales, asociaciones, peñas, familiares aficionados… Aprovechar cada oportunidad de conexión que se nos presente.
  • Tercer ingrediente: buena voluntad. Para coordinarse tanto con el alumnado como con el profesorado y otros participantes.
  • Cuarto ingrediente: conexión emocional. Un proyecto realizado íntegramente por el alumnado que mezcla el flamenco con la música africana y constituye un incomparable trabajo de solidaridad.

En definitiva, una experiencia que, seguro, no olvidarán jamás y con la que enseñamos desde la práctica el valor de la palabra solidaridad, por supuesto, a través de nuestra seña de identidad: el flamenco.






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